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Terra
La Coctelera

En el corazón de Londres

7 de julio de 2005. 8:50 de la mañana. Tres bombas colapsan el transporte público de londres, una cuarta, a las 9:47, en un autobus de linea. Cincuenta y seis personas perdieron la vida, incluido los terroristas y unos setecientos heridos. Este es el balance que deja un acto terrorista en el corazón de Londres en tan sólo dos horas, es el peor día que vive el reino Unido desde que en 1988, el atentado de lockerbie(Escocia) matara doscientas setenta personas. Los atentados ocurrieron mientras en el Reino Unido se estaba dando cita el primer día de la 31ª Cumbre del G8, un día después de que Londres fuera elegida sede de los Juegos Olímpicos de 2012.
Esto es todo lo objetivo que puedo ser.
Después me fui a casa, abrazé a mi mujer y a mis hijos y... bueno, lloré.

¿POR QUÉ?

¿por qué? es lo que se oía por todas partes, unos por que no sabían lo que pasaba, otros simplemente no se lo explicaban, y por qué iban a tener que hacerlo, lo que estaba sucediendo era impensable.
Yo viajaba el 7-J en tren en dirección opuesta al del tren condenado por aquellos que se justifican con el terror. Lo que vi allí me hizo pensar en mi seguridad, nunca jamas antes me había preocupado por mi vida, ahora todos estabamos indefensos, el mundo quedaba desprotegido ante la crueldad de aquel que quiere hacer el mal, y ni las ciudades con mayor seguridad eran seguras.
En aquellos sentí que si alguien era capaz de todo esto, de acabar con vidas humanas sin sentir ni una minima gota de culpabilidad, la cosa es que estaba muy mal. Aún me sigo preguntando ¿por qué?

candem town

Siempre pillo el metro, es mi manera de viajar; barata, rápida y limpia. Soy un individuo muy ecológico. Aquel día tenía un presentimiento, algo en el estómago, algo que me decía, hoy no va a ser un buen día.
Cogí el metro y cuando miraba por la ventana de mi vagón agarrado como una lapa a la barandilla y aplastado por la cantidad de gente que se encontraba como yo en el metro, decidí mirar por la ventanilla para evadirme, dentro de lo mposible. Derrepente uno de los coches del metro explotó y nos descarrilamos, y todo quedó oscuro, yo estaba consciente y la gente gritaba, Hay que mantener la calma pensé. Todo estaba oscuro y llenos de humo. Me puso el jersey de algodón a modo de mascarilla. Ya no recuerdo más.
Con el tiempo he vuelto a montarme en uno de ellos. Todavía no entiendo porque los asesinos se ceban con nosotros, los civiles; no es nuestra guerra, ni la de nadie. Aquel día fue triste, no sólo para los londinenses , sino para todos los ciudadanos del mundo. Realmente estamos a merced de unos locos.

Entre aguas

No hace falta ser un descabellado, ni un asesino, ni nada que se le parezca. La propia naturaleza ya se encarga de poner las cosas en su sitio.
Aquel día de verano, soleado y despejado era una auténtica maravilla. No podría describirlo. En un abrir y cerrar de ojos me encontraba en el penthouse del hotel Meliá Thailandia, viendo como todo lo que había a mi alrededor desaparecía arrastrado por el agua. MI familia también. Muchas han sido las cosas que he pensado, las múltiples justificaciones que pueden calmar mi dolor pero en última instancia, la Fe.
Mi mujer e hijos fueron arrasados por el y no culpo a nadie, son cosas que pasan pero ¿por qué? Ahora me dedico a ayudar a toda clase de damnificados por las múltiples injusticias que se cometen en el mundo. Me llamo James Stuart

¿Qué se han pensado estos?

¡¡¡ATENTADO EN MADRID!!! Desde que me levanté a las ocho de la mañana, no dejé de escuchar numerosa información sobre el atentado, yo soy de Madrid y no podía creer lo que había pasado. Por suerte ningún familiar se encontraba entre los afectados, pero si el de varios amigos míos. Menuda impotencia, me pregunté. ¿Quién? Quien era capaz de hacer tan brutal barbarie.
Durante varios días se barajó la idea de que la banda terrorista ETA podía haber tenido algo que ver, pero fueron los extremistas islámicos, como en el 11-S de nueva York, y como más tarde en Londres. La gente se cebó con todos los islámicos, no sin motivo, pues había uno y gordo, pero no se daban cuenta de que era eso lo que buscan con atentados como estos. Romper la paz, crear la guerra, a la que encima llaman santa. Pobres desgraciados!

Un día terrible

Como todas las mañanas, cogía el tren destino alcobendas en la estación de san Fernando, allí trabajaba y digo trabajaba, porque ya no puedo hacerlo. Era el once de marzo de 2004, las siete y media pasadas cuando de repente oímos un potente ruido en uno de los vagones, durante unos segundos quedamos todos sin habla, no sabíamos con certeza lo que había pasado, pues había sido en otro vagón pero intuíamos que era algo malo, ya que hasta nuestro vagón había llegado la onda expansiva. La gente empezó a alborotarse, querían salir a toda costa del tren, pero algunos nunca más lo harían.
No había pasado ni un minuto, o eso me lo parecía, cuando otra explosión ya en nuestro vagón provocó el caos. El resto ya todos lo sabéis.
Tuve la gran suerte de salir vivo, junto a mi una mujer murió por la explosión, yo me quedé sordo y no veo por un ojo, gracias a Dios aún conservo uno.

Cubrir una noticia en tiempo real

Nunca antes había tenido que cubrir una noticia de tal calibre, cuando llegamos mi compañero y yo a la estación de atocha, aquello parecía el caos. Los bomberos, los del samur y algunos de los supervivientes, sólo los que podían ayudar, retiraban los pasajeros mas desgraciados de entre aquellos hierros del vagón y los depositaban en la calle, la cual se encontraba llena de heridos. Los cadáveres, por desgracia, todavía seguían dentro del tren.
No es fácil cubrir una noticia para televisión en tales condiciones, las imágenes muestran demasiado y pueden herir la sensibilidad del espectador, pero el mundo debe conocer lo que ahí a pasado. Nos dieron ordenes desde la televisión en cinco segundos entrábamos en directo.

La objetividad

La noticia llegó de sorpresa, en unos minutos tenía que redactar una noticia del "tsunami" que acababa de arrasar Indonesia. El ser corresponsal es lo que tiene. En cuanto te avisan sabes que tienes poco tiempo para dar la cara.
La noticia era terrible, dicen que los hombres no lloran pero en esos momentos me sentí hundido al ver todos aquellos cuerpos, la mayoría irreconocibles, que se dispersaban por las calles. Casi ciento cuarenta mil muertos fue el balance. Es muy difícil ser objetivo, ante estas situaciones te preguntas porque no sean tomado las medidas necesarias, pero ese no es tu trabajo, sólo te limitas a informar de los hechos, no ha opinar sobre ellos.